¡Maldita la mentira! que edifica sobre cimientos endebles y que tarde o temprano se derrumba, ¡maldita verdad! que muchas veces causa mayores daños que la mentira.
¡Maldita la realidad! que con sus aplastantes hechos fácticos no permite formular sueños y anhelos, ¡malditos los sueños! que proyectan esperanzas absurdas e imposibles de un mejor porvenir.
¡Maldita la fe! que nos engaña y no logra mover las grandiosas montañas, ¡malditas montañas! que no se mueven y acaban totalmente con la fe.
¡Maldita religión! que con sus doctrinas y enseñanzas ciega a los hombres, ¡malditos los hombres! que se enceguecen en su ignorancia malinterpretando lo que su religión les enseña.
¡Maldita ignorancia! que estrecha los límites y castiga en silencio a quienes no pueden salir de ella, ¡maldita elite cognoscitiva! que no utiliza su sapiencia para extinguir la ignorancia de otros.
¡Malditos los pobres! que no tienen nada más que la seguridad de que sus destinos quisieron que fueran malditos, ¡malditos los ricos! que se compadecen en sus mansiones viendo la pobreza por televisión y secando sus lágrimas con sus propios billetes.
¡Maldita debilidad! que ataca sin discriminar proveyendo flaquezas y macas, ¡maldita fortaleza! que se aprovecha de los mismos a quienes la debilidad empequeñece.
¡Malditos los llantos! que intentan, sin éxito, limpiar de nuestros rostros la tristeza que nos invade, ¡malditas las risas! que nacen por sucesos tan volubles como una alegría pasajera o por la satisfacción de observar la tristeza de otro.
¡Maldito el odio! que como una droga produce placer ante la derrota del odiado, ¡maldito el amor! que discrimina y elige inicuamente a los que lo sienten y a la vez son correspondidos.
¡Maldito lo corpóreo! que con su suciedad carnal nos aleja del bien e inclina hacia el mal, ¡maldito lo espiritual! que nos hace creer que los actos corporales son malos y que los que se fundamentan en el alma son buenos.
¡Maldito el bien! que nos restringe e impide realizar todo lo que deseamos durante nuestras vidas, ¡maldito el mal! que crece cada vez más y hace que nuestra vida sea cada vez más mala.
¡Maldita la vida! que no nos entrega todo el conocimiento hasta que se termina, ¡maldita la muerte! que con su guadaña fulmina la vida y no nos permite terminarla…
………………
Podría continuar indefinidamente, pero la pregunta sería la misma: ¿Cómo podemos existir así, inmersos en tanta maldición? Y ¿Cómo puedo yo salir de este circulo vicioso de pensamientos? Por ahora, lo único que puedo y quiero hacer es dejar plasmado de alguna forma estas ansias de salir de aquellas cavilaciones; para que en el futuro, cuando regresen estas reflexiones a mi mente, pueda ojear un poco este registro y compare cuanto he cambiado en todo ese tiempo. Y al pensar en una forma de comenzar a escribir este salvavidas mental las primeras palabras que vienen a mi mente son:
¡Maldito yo! por escribir sin tapujos sobre todo aquello que se encuentra bajo tanta maldición…