lunes, enero 23, 2006

Retrotraer

…¡Maldito yo! por escribir sin tapujos sobre todo aquello que se encuentra bajo tanta maldición, ¡maldita maldición! que me obliga a escribir sin pensar en las consecuencias.
¡Maldita la mentira! que edifica sobre cimientos endebles y que tarde o temprano se derrumba, ¡maldita verdad! que muchas veces causa mayores daños que la mentira.
¡Maldita la realidad! que con sus aplastantes hechos fácticos no permite formular sueños y anhelos, ¡malditos los sueños! que proyectan esperanzas absurdas e imposibles de un mejor porvenir.
¡Maldita la fe! que nos engaña y no logra mover las grandiosas montañas, ¡malditas montañas! que no se mueven y acaban totalmente con la fe.
¡Maldita religión! que con sus doctrinas y enseñanzas ciega a los hombres, ¡malditos los hombres! que se enceguecen en su ignorancia malinterpretando lo que su religión les enseña.
¡Maldita ignorancia! que estrecha los límites y castiga en silencio a quienes no pueden salir de ella, ¡maldita elite cognoscitiva! que no utiliza su sapiencia para extinguir la ignorancia de otros.
¡Malditos los pobres! que no tienen nada más que la seguridad de que sus destinos quisieron que fueran malditos, ¡malditos los ricos! que se compadecen en sus mansiones viendo la pobreza por televisión y secando sus lágrimas con sus propios billetes.
¡Maldita debilidad! que ataca sin discriminar proveyendo flaquezas y macas, ¡maldita fortaleza! que se aprovecha de los mismos a quienes la debilidad empequeñece.
¡Malditos los llantos! que intentan, sin éxito, limpiar de nuestros rostros la tristeza que nos invade, ¡malditas las risas! que nacen por sucesos tan volubles como una alegría pasajera o por la satisfacción de observar la tristeza de otro.
¡Maldito el odio! que como una droga produce placer ante la derrota del odiado, ¡maldito el amor! que discrimina y elige inicuamente a los que lo sienten y a la vez son correspondidos.
¡Maldito lo corpóreo! que con su suciedad carnal nos aleja del bien e inclina hacia el mal, ¡maldito lo espiritual! que nos hace creer que los actos corporales son malos y que los que se fundamentan en el alma son buenos.
¡Maldito el bien! que nos restringe e impide realizar todo lo que deseamos durante nuestras vidas, ¡maldito el mal! que crece cada vez más y hace que nuestra vida sea cada vez más mala.
¡Maldita la vida! que no nos entrega todo el conocimiento hasta que se termina, ¡maldita la muerte! que con su guadaña fulmina la vida y no nos permite terminarla…
………………
Podría continuar indefinidamente, pero la pregunta sería la misma: ¿Cómo podemos existir así, inmersos en tanta maldición? Y ¿Cómo puedo yo salir de este circulo vicioso de pensamientos? Por ahora, lo único que puedo y quiero hacer es dejar plasmado de alguna forma estas ansias de salir de aquellas cavilaciones; para que en el futuro, cuando regresen estas reflexiones a mi mente, pueda ojear un poco este registro y compare cuanto he cambiado en todo ese tiempo. Y al pensar en una forma de comenzar a escribir este salvavidas mental las primeras palabras que vienen a mi mente son:
¡Maldito yo! por escribir sin tapujos sobre todo aquello que se encuentra bajo tanta maldición…

miércoles, enero 04, 2006

¿Botar el voto?

Me pidieron un comentario con respecto a la agenda política que se nos viene para esta temporada estival: la tan esperada segunda vuelta de las presidenciales de nuestro país: Chile, que en este último tiempo se ha ido convirtiendo poco a poco en una de las pocas “islas” unida a un continente sólo de manera geográfica, porque la verdad, siento que nos vemos cada vez más separados o distanciados de nuestros vecinos, pero ese es otro tema.

Bueno, sin ninguna duda lo que más llama mi atención de forma risible en las campañas tanto en la de Michelle Bachelet como en la de Sebastián Piñera es la gran extrapolación que utilizan para catalogarse entre ambos comandos: “Ultra Izquierda” v/s “Ultra Derecha” respectivamente, y también el extraño cambio de roles que ocupan ellos mismos para defenderse de esa extrapolación: “La Concertación de Partidos por la Democracia” se vanagloria de sus políticas de afirmación a la empresa privada y la gran cantidad de tratados de libre comercio realizados con los más grandes mercados del mundo, dando un gran espaldarazo a la globalización y dejando a los empresarios como los más contentos con sus gobiernos. Por otra parte, (no se si es tan o más jocoso que lo anterior) “La Alianza por Chile” se auto nombra como la única esperanza para lograr un cambio que favorezca principalmente a las clases media y baja mediante un sistema de disminución radical en la desigualdad de ingresos, que por estos tiempos tiene en los últimos lugares del escalafón a nuestro país, ¿donde está lo divertido de esto? Lo cómico radica en el hecho de que el candidato que pretende lograr esto, que se oye tan excelente y fundamental para mejorar nuestra nación, es uno de los más grandes empresarios derechistas del país caracterizado por su pensamiento neoliberal. ¿No es esto muestra de que estamos frente a una demagogia grotesca y cruel que se burla de las estirpes que más sufren en Chile?

Aunque encuentro que es un tema banal, no podría dejar pasar otra tendencia que marca esta campaña política: el “machismo”. Al tener una candidata para presidenta ha quedado al descubierto de que en Chile aun existe el machismo. Si bien es cierto, el machismo que se logra apreciar con mayor facilidad es el que hace alusión la propia candidata de la Concertación y su comando haciendo énfasis en las descalificaciones e insinuaciones de falta de capacidad para gobernar por parte de su contendor y el respectivo comando de éste, también existe otro tipo de machismo más escondido, pero machismo al fin y al cabo, que es el que practican los mismos partidarios de Bachelet al sobreprotegerla en demasía y que prácticamente no dejen que persona alguna emita la menor crítica hacia su persona sólo por el hecho de que es una dama. ¡Decídanse!

Pero no existe sólo el machismo, también tenemos al feminismo que si por su parte se ha involucrado muy a fondo en la campaña de Michelle: “Soy mujer, sé lo que necesitan las mujeres y trabajaré con fuerza para ellas”. Obviamente, la respuesta de Sebastián no se hizo esperar a través de sus luminosos “ofertones”: “Prometo que en mi gobierno habrá jubilación para las dueñas de casa, la mujer tendrá un papel preponderante y espero fortalecer mi gabinete con muchas mujeres”. Todo para ganar los votos femeninos.

La franja televisiva de alto nivel cinematográfico, que me es difícil comparar con algo que refleje un mismo grado de falsedad, y el alto gasto de ambos candidatos en carteles, panfletos y propaganda, es un tema aparte y no hace más que revelarnos que más allá de tener la intención de describir cuales son sus planes de gobierno e ideas concretas mediante las cuales pretenden mejorar el nivel de nuestro país, lo que realmente reflejan es la horrible desesperación por alcanzar el poder que nubla la vista y las mentes de quienes, divididos en dos grandes coaliciones, dirigen y manejan nuestra larga y angosta franja de tierra.