sábado, marzo 25, 2006

............(Descerebrado)

Todos dicen cosas distintas,
¿a quién creeré?
Todos dicen cosas extrañas de mí.
un pequeño fragmento de ti
¿A alguien someteré?
Tantos horizontes diferentes,
¿cuáles cruzaré?
Con repulsión
trato de limpiar mi vida
de todo aquello que la ensucia.
Soy el perro que lame sus heridas.
Las moscas aun no arriban
y aun me queda tiempo,
su Señor las mantiene muy cerca,
ellas ansían el momento.
Apresúrate en correr
por aquel camino
que serpentea
bajo los pies de mi cerebro.
Sube la montaña
y encuéntrate conmigo
y con los otros
que antes de mi llegaron.
Aquí arriba verás
al que viene ahora
por el sendero que antes pisaste.
Mientras más subas o yo suba,
la mente toca fondo, baja,
llega a tierra.
No pienses
que lo que piensas no importa,
es importante soñar,
es indispensable despertar.
La vida es un chiste
que no se debe contar.
La Muerte
es la que te hace racionalizar.
Caminando de madrugada,
bajo mis pies aparece
la poesía de esa muerte y la desesperación:

<te dio la vida,
una mujer
te la quitó…
La noche te
Envolvió
Y en desamparo,
No hubo
Mano amante
Que tus ojos
Cerrara
Inesperadamente
Tu aliento
Se extinguía…
Tus póstumas lágrimas,
Cayeron por
La amada
y el hijo
que anhelantes
esperaban . >>

Las flores
sonrientes y naturales
Apoyadas en el serio
poste artificial,
me desmoronaron
el alma en vida.
me salpican
de una existencia infernal.
Más de alguna vez
escuche eso de:
”Ver para creer”.
¿Puedes creer todo lo que ves?
Ruedas sin movimiento,
todo se detiene,
nada es ”real”.
Nadie parece
estar de acuerdo conmigo.
La moral inmoral,
tu creencia veraz.
El asco inmortal.
Descendencia falaz.
Muerte arrolladora,
vida sin igual.
La peste enfermiza,
te hace llorar.
Cura tus heridas
con la mente tenaz,
cuando te hayas dado cuenta
tu risa burlará.
Carcome la vivencia,
la experiencia vivida,
serpiente promiscua
de tu flor más querida.
Sin tu musa extrañarás
lo que en la puericia percibiste,
con tu corazón podrás continuar
aquello que un día descubriste.
Protege esa conciencia
guardada en tu interior,
llegará el día en que culminen
tus cimientos en resplandor,
Tu expresión, como un rayo,
la tumba: lugar ulterior,
cosechará tu alma
cual vil pecador.

lunes, marzo 06, 2006

Sátira de un payaso

Llega otra tarde de sábado de la mano de una nueva función de circo atiborrada de público.
Jorge estaba sentado frente a un espejo dentro de uno de esos viejos camiones que servía a la compañía como transporte, camarín y hospedaje. Con ímpetu trataba de cubrir su rostro sumamente depresivo con el irónico maquillaje del payaso “Tristón”, que en realidad no hacía más que cambiar sus lágrimas verdaderas por otras hechas de una hedionda pintura. Luego de terminar su seudo transformación, bajó del camión, encendió un cigarro y fijó la mirada en la primera estrella que se dejaba ver esa tarde, pensó que era el reflejo de su cigarro en el cielo.
La voz del presentador terminó de alabar el desempeño del domador de tigres, y luego de la ovación, anunció el próximo número. Tristón pisó la colilla y volvió a mirar hacia arriba para ver si la estrella desaparecía; graciosamente comprobó que, por el contrario, esta se había multiplicado en cantidad y luminiscencia.
Tristón entró corriendo a la pista y suscitó las primeras risas con un tropezón y una vuelta de carnero. Su actuación, infalible como de costumbre, fue premiada incluso con lágrimas de alegría en los niños. Los hijos de Jorge jamás vivirían un fragmento de esa alegría.
Al salir de la carpa, Tristón entró rápidamente al camión sin recordar su estrella. Se sentó frente al espejo, y antes de terminar de quitarse el maquillaje explotó en un mar de lágrimas que daban vida y movimiento a las de pintura y plasmaban su rostro con un aire surrealista. Se preguntaba frustrado el porque de su desgracia, y la injusticia de tener que esconder su maldición y la de su familia para dar alegría a miles y miles de desconocidos. La decisión que tomó en ese momento fue literalmente lapidaria.
Jorge viajó a su casa el lunes, no tenía actuación hasta el próximo sábado.
Pamela, su esposa, lo recibió en la puerta con fingido regocijo y luego se fue rauda a la cocina; algo se quemaba en el horno. Los dos hijos, eternamente enfermos, peleaban por un muñeco articulado al que le faltaban las dos extremidades superiores, al ver a su padre compitieron por quien llegaba primero a abrazarlo, Juan fue el ganador pero a Miguel no le importó. Jorge los rodeó con sus brazos en una muestra de cariño fuera de lo común.
Pasaron un par de horas y se sentaron a comer. La carne sólo se había quemado por fuera, por dentro estaba casi cruda. Pamela, sin preocuparse de la comida en su boca, importunaba a Jorge con más y nuevos problemas que habían surgido en su ausencia. Los niños por su parte lo acribillaban con preguntas acerca de los animales y variedades del circo. Jorge, obnubilado dejaba pasar todas aquellas palabras contestando inconscientemente las preguntas, solo le importaba mirar a su familia tratando de recordar los pocos momentos de alegría que tuvieron todos juntos e intento forjar en su memoria los rostros felices de su esposa y de sus hijos.
Jorge sólo iba a estar ese día en su casa y tenía que partir a la mañana siguiente de regreso al circo, y como sus hijos iban a estar durmiendo a esa hora, acudió hacia ellos en la noche para despedirse. Los abrazó por largo rato y jugó con ellos con lágrimas en los ojos, más tarde los besó y los arropó en su litera y les prometió con la voz entrecortada que volvería lo más pronto posible.
En su dormitorio, Pamela ya estaba durmiendo de costado en dirección a él, Jorge se acostó junto a ella y al mirarla le pareció que era mil veces más bella que cuando la conoció, le acarició el pelo grueso y despeinado y se durmió.
En la mañana, salió mientras todos dormían, trató de hacerlo lo más rápido y silenciosamente posible.
De regreso en el circo, ya era sábado una vez más y Tristón estaba listo para su presentación. Cuando lo anunciaron, entró corriendo y tropezándose como siempre, sin embargo al ponerse de pie vio que Jorge estaba allí amenazante con un cuchillo en la mano. La gente, al ver el arma blanca se mostró expectante creyendo que era parte del show, para Jorge sin duda alguna así lo era, y justo en ese momento alzó la voz y dijo:
-¡Este payaso los ha alegrado por años sin que ustedes vean las tinieblas en que se encuentra, el terror que lo atormenta y los horrores que habitan en su cerebro! ¡Pero ha llegado el momento en que los papeles se inviertan y ustedes sientan la atrocidad!
Luego sin pensarlo y riendo a carcajadas apuñaló una y otra vez a Tristón en los brazos, las piernas, el estomago, también le hizo repetidos cortes en la cara y en las manos. La gente gritaba de pánico y locura, los niños lloraban, pero esta vez no era de alegría, sino de terror y angustia. Tristón estaba muerto.
Cuando otros miembros del circo intentaron detener a Jorge, éste los amenazó con el cuchillo y con la poca fuerza que le quedaba se abrió camino hacia afuera y corrió y corrió por el sitio eriazo en donde se encontraba el circo, cuando ya no pudo más, se dejó caer completamente ensangrentado de espalda en la tierra, recordó por última vez a su familia y con los postreros signos de vida encendió un cigarro sanguinolento y miró al cielo para ver su estrella, fumó con rapidez, tiro la colilla cerca de sus pies y la pisó, luego volvió a mirar hacia arriba y con alegría constató que esta vez la estrella junto a todo el Universo había desaparecido.