Sin ralentizar su constante velocidad, se extingue el indestructible y todo llega a su fin. Las aves han renunciado por completo a su libertad y buscan con desesperación una respuesta en la tierra; se han dado cuenta de que lo que vivieron fue un libertinaje pasajero. Los
mamíferos que se mantuvieron pacatos y aferrados a lo establecido se auto flagelan arrepentidos por su carencia de nuevas experiencias. Nadie está totalmente conforme.
Las ocho coronas superiores se reúnen para urdir una solución, ¡si! las ocho que representan la esencia misma del ‘‘bien’’, las ocho que dictan sentencias sin consultar a sus progenitores. Las ocho que se lavan las manos con sangre antes de engullir el festín adherido a las consecuencias de sus actos. El poder pesa, mas vacío sentirán con el fin.
Es el fin y las divinidades se han armado, deben acabar lo que un día crearon. ¿Fallaron sus propósitos o nunca los tuvieron? ¿Sentirán pena en la destrucción?
¿Sintieron alegría en la creación?
La oscuridad invisible que inventamos, la maldad suprema, comienza la cosecha de lo que nunca se sembró, debe transformarse por un tiempo en herramienta del bien para cumplir el plan divino, no obstante, la redención es inalcanzable.
Las tierras no ven más allá de su nariz, confeccionan esperanzas y castillos ideológicos que, al fin y al cabo, servirán para acelerar su caída. Las bestias rumiantes siguen su camino en la fila, se preocupan más de espantar las moscas con su cola que de intentar evitar la entrada del matadero. ¿Será nuestra ignorancia la que haga así de inexorable nuestro fin?
mamíferos que se mantuvieron pacatos y aferrados a lo establecido se auto flagelan arrepentidos por su carencia de nuevas experiencias. Nadie está totalmente conforme.Las ocho coronas superiores se reúnen para urdir una solución, ¡si! las ocho que representan la esencia misma del ‘‘bien’’, las ocho que dictan sentencias sin consultar a sus progenitores. Las ocho que se lavan las manos con sangre antes de engullir el festín adherido a las consecuencias de sus actos. El poder pesa, mas vacío sentirán con el fin.
Es el fin y las divinidades se han armado, deben acabar lo que un día crearon. ¿Fallaron sus propósitos o nunca los tuvieron? ¿Sentirán pena en la destrucción?
¿Sintieron alegría en la creación?La oscuridad invisible que inventamos, la maldad suprema, comienza la cosecha de lo que nunca se sembró, debe transformarse por un tiempo en herramienta del bien para cumplir el plan divino, no obstante, la redención es inalcanzable.
Las tierras no ven más allá de su nariz, confeccionan esperanzas y castillos ideológicos que, al fin y al cabo, servirán para acelerar su caída. Las bestias rumiantes siguen su camino en la fila, se preocupan más de espantar las moscas con su cola que de intentar evitar la entrada del matadero. ¿Será nuestra ignorancia la que haga así de inexorable nuestro fin?