miércoles, agosto 23, 2006

La faz reveladora

Hace tres meses desperté en mi cama y lo primero que vi fue una imagen oscura en el cielorraso de mi dormitorio. Fue grande mi sorpresa al constatar que la imagen describía, con todas sus partes, un opaco rostro humano. Lo primero que mi razonamiento quiso que creyera fue que se trataba de un foco de humedad, pero era casi imposible aceptar esa hipótesis ya que estábamos en plena temporada estival. Por primera vez en mi vida pensé estar frente a un suceso paranormal sin ninguna explicación aparente. Desperté a mi mujer sin señalarle la imagen para asegurarme de que no era sólo yo el que la veía. Efectivamente, ella no se inmutó, me dio un beso de buenos días y se levantó. Por segundos creí estar loco.
Ese día, seguí mi rutina ordinaria para un domingo de verano en la casa, a ratos me dirigía al dormitorio para ver el rostro; siempre estaba allí, pero Minerva mi esposa, nunca lo vio.
En la noche nos acostamos y la imagen era cada vez más clara; se trataba del rostro de un hombre con barba y bigote, tenía el mentón abultado y los ojos profundos, me dormí hipnotizado por su mirada.
Soñé que me encontraba entre unas ruinas de cemento y tras ellas vi un gran resplandor que anticipó la aparición de mi esposa, pero ya no era una mujer, sus pies no tocaban el suelo, su ropa era diferente, su luz iluminaba todo mi inconsciente; se había transformado en la diosa romana. Me percaté de que tenía los ojos vendados y luego sentí una voz única que me habló:
-¡Ni los Ojos de Minerva pueden verme!
Después todo desapareció y comenzaron las imágenes intercaladas a modo de diapositivas tridimensionales:
Primero vi a un soldado llorando con un arma humeante en sus manos de rodillas frente a un niño muerto. Al instante cambió la imagen y observé a una mujer dando a luz junto a su feliz esposo.
Después, un grupo de científicos hacían pruebas médicas sangrientas e inhumanas con un montón de personas de todas las edades. La imagen transmutó en otra que mostraba a un niño saliendo feliz de un hospital completamente sano.
Luego, un pelotón de fusilamiento acribillaba a miles de personas y arrojaban sus cadáveres al mar. La visión desapareció y en su lugar vi a millones de personas riendo sin parar recogiendo el dinero que llovía del cielo.
Vi también a un hombre escribiendo libros de alto nivel filosófico e intelectual, admirado por generaciones. Más tarde, vi miles de cuerpos tirados en una cámara de gas.
Posteriormente, observé a un grupo de hombres con trajes ostentosos pintados con cruces, quemando a tres mujeres jóvenes en una inmensa hoguera. En seguida, vi a un anciano sentado en un trono, vestido completamente de blanco y una multitud de jóvenes de todas las naciones que le adoraban emocionados.
Después me encontré en un desierto en donde un hombre, de larga barba, enseñaba doctrinas de benevolencia y amor a Dios a sus compañeros. Luego, el desierto se transformó en una gran ciudad y vi como un avión se incrustaba en un enorme edificio y lo desplomaba.
Continuaron las imágenes intercaladas de par en par mostrándome cosas que preferí no seguir relatando aquí. Al fin, desperté acezando en un mar de sudor y, con parcial tranquilidad, me di cuenta de que el rostro había desaparecido. Miré a mi mujer dormida a mi lado y me levanté a buscar un poco de agua. Bajé las escaleras y cuando iba a entrar a la cocina, con horror percibí de reojo a un hombre sentado en el living, lo miré y comprobé que se trataba del hombre del “rostro” en mi dormitorio. Caí de rodillas ahogando un grito de desesperación creyendo haber perdido la razón por completo. El hombre esbozó una pequeña sonrisa, dio unas palmadas en el sofá y me dijo:
-Siéntate, tenemos mucho que hablar…

miércoles, agosto 09, 2006

Ensemble der Lautari aus Clejani, Rumänien

La Música se levanta de entre los muertos y toma forma divina, se eleva con rostro inefable y ganas de aprovechar al máximo los breves momentos de omnipotencia.
Los violines inician la fiesta, se arreglan los bigotes con rapidez sin igual y comienzan a girar encerrando en una especie de ronda infantil de jolgorio, a un esqueleto que baila desenfrenado sobre su propia tumba.
Luego el bajo, furibundo, celoso, deseando interponerse a tan notable alegría, emite pequeños golpeteos fúnebres de baja frecuencia; mientras más se empeña en detenerlos, más se hace uno con ellos y se funde por completo en esa etérea magia sonora. Un perro agonizante se acerca al grave instrumento, lo huele y, renovando por completo sus fuerzas; se une a la jarana intercalando vivaces aullidos con los armoniosos movimientos de su desaliñada cola.
Los acordeones, de aire bonachón, embriagados de la atmósfera festiva, inflan sus pulmones con ese elixir evaporado y sueltan contagiosas carcajadas dejando ver sus dientes negros y blancos. Pequeñas avecillas recorren esos dientes creando sus propios sonidos.
En lo alto, una pequeña flauta, impulsada e inyectada de vida por el viento, esquiva las nubes y divisa la reunión que se lleva a cabo en tierra, se deja caer al vacío silbando con tal de abrazar esa dicha que la ha impresionado. Abajo, un peludo gato negro la atrapa, antes que toque el suelo, con su cola de terciopelo. Ambos se unen al festín acústico.
Los Címbalos, inteligentes y correctos, llegan surtidos de un centenar de policromados relojes animados que marcan velocísimamente el pasar del tiempo y los ritmos entrelazados, adhieren su tic-tac a la gran melodía
Todos y todo se une, todo junto a las ancestrales voces gitanas, esas curtidas de un sin fin de historias plagadas de diversas conmemoraciones y celebraciones, marcadas a fuego en las memorias de los hombres harapientos que se visten con el lujo de su música.

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El objetivo de este articulo era brindar un pequeño homenaje a esta “Banda de malvados honorables”: “Taraf de Haïdouks” Catalogado como el mejor grupo de música gitana del mundo. ¿Qué mas podría haber dicho de ellos? … Me decidí por describir, a modo de fantasía, una ínfima parte de lo que he sentido escuchando su música. Advertencia: la interpretación de este texto cambia considerablemente si es leído mientras se escucha uno de los temas de “Taraf de Haïdouks"