domingo, octubre 14, 2007

La Rosa

Corría por desiertos y colinas enceguecido. La maleza ensuciaba mi vida y las ortigas herían mi ser. Mi camino encontraba destinos, pero no alcanzaba mi fin.
De pronto, ya casi desesperado y escudado sólo por un falso sentimiento, encontré una rosa que apareció como por arte de magia delante de mí. La miré y vi que era de un extraño y precioso multicolor. Sus pétalos, que parecían infinitos, eran soltados por el viento y rozaban levemente mi rostro, dejando un rastro de delicioso aroma. A pesar de esa pérdida de pétalos, ella no cambiaba su figura, su preciosidad no variaba.
Me acerqué para tomarla, pero tuve miedo de que sus espinas me dañaran y me detuve, sin embargo ella con una voz angelical me aclaró que no tenía espinas para mí. La alcé finalmente frente a mi cara y sentí su fragancia con gran placer. Su cercanía era un elixir que sanaba toda mi existencia.
Probé soltarla para ver si flotaba junto a mí, pero en ese momento una ráfaga de viento la alejó de mi lado y se la llevó muy lejos hasta desaparecer. Antes de que se esfumara vi como sacaba sus espinas y me miraba con tristeza.
Me sentí desolado, lamenté enormemente mi decisión de soltarla y lloré amargamente.
La busqué por todos lados y vagué por los mismos lugares que visité antes de verla, más no aparecía. Otras flores salieron a mi camino también, pero no eran lo que buscaba, estas se astillaban dañándome y yo a su vez las hería a ellas sin querer.
Cuando ya creí haberla perdido sin remedio, la dejé de buscar, pero nuevamente, como por arte de magia, la Rosa apareció flotando hacia mí. Esta vez, venía herida y con algunas de sus espinas rotas, cuando me vio alegró su mirada, soltó sus espinas y se me acercó; yo, aún con lágrimas en los ojos, la tomé con delicadeza, la puse junto a mi pecho y decidí no volverla a soltar.
Para ti...

martes, mayo 08, 2007

Ellas

Que bella fiesta, que preciosa conjunción de femineidad vi aquel día. Primero encontré a “La vida”, estaba ahí sentada con su largo vestido multicolor, no pude ver donde terminaba su ser, no supe si iba descalza o si usaba zapatos, su rostro me sonreía y se entristecía a la vez, como la Mona Lisa, así me engañaba.
Luego, en un rincón vi como “La Autocompasión” cubría su horrible rostro con un velo plateado mientras movía su cuerpo curvilíneo y hermoso, muchos hacían fila para sacarla a bailar.
Me interrumpió el maravilloso perfume de otra mujer que pasaba a mi lado, su cara era tan hermosa como el sol de la mañana, su cuerpo como la luna de media noche, su perfección me recordó su nombre: “Esperanza”, traté de alcanzarla pero era más rápida que yo y se esfumó.
Me sentí muy afligido y lloré, en ese momento “La Soledad” se acercó a mi lado y pasó su mano por sobre mi cabeza, cerré los ojos y tuve la sensación de que flotaba en el Espacio. Luego de abrir los ojos observé como todo lo que veía, es decir, ese Espacio insondable, se transformaba en una inmensa mujer vestida de negro, que con sus cabellos oscurecía aun la mismísima negrura del infinito. Se hacía llamar “La Muerte” mientras extinguía todo a su paso.
Por último, al desaparecer “La Muerte” advertí que dos mujeres, una muy anciana y otra muy joven, se me acercaban lentamente, sus vestiduras se contrastaban así como se contrasta el Cielo del Infierno. Al oído me dijeron sus nombres, “La Realidad” y “La Imaginación”, me tomaron de las manos, se sentaron junto a mí, y luego de sonreírme brevemente comenzaron a relatarme este texto.

viernes, febrero 09, 2007

El Ser Humano

Dos niños jugaban alegremente en la calle mientras un mendigo que estaba sentado en la acera les observaba hasta que se puso de pie y les dijo:
-“Sepan ustedes niños que un día nació un hombre en el mundo y ese hombre era conciencia, y sepan también que yo nací de esa conciencia, y hoy a ustedes hablo”.
Los niños sintieron temor de las palabras y ademanes del mendigo y escaparon corriendo hacia sus casas. El mendigo sonrió y pensando se dijo a si mismo: “Queda aún mucha inocencia y miedo en el ser humano”.
Avanzó unos pasos el mendigo y cruzó la calle. Luego de errar por varios metros se encontró con dos mujeres bien vestidas sentadas a la mesa de un restaurante al aire libre. El mendigo se detuvo en frente de ellas y les dijo:
-“Llegará el día en que nazca un pensamiento, y ese pensamiento dará a luz las palabras de un relato que describa las acciones que he realizado hoy”.
Las mujeres miraron con extrañeza al mendigo, pagaron la cuenta y se levantaron alejándose con celeridad. El mendigo nuevamente pensó y reflexionó: “Aún existe desprecio e ignorancia en el ser humano”.
En otra mesa del restaurante estaban dos hombres que bebían unas cervezas. El mendigo se les acercó y les dijo:
-“Sólo unos pocos entenderán mi existencia, tratarán de entender, pero les será difícil incluso comprender estas vivencias”.
Uno de los hombres se levantó y caminó hacia el mendigo, lo tomó de los hombros y le empujó arrojándolo al suelo, luego lo pateó y se alejó lanzando improperios. El mendigo todavía tendido, alzó la vista y meditó: “Aún siento la ira y el rencor en el ser humano”.
En ese momento pasó una anciana mujer por su lado. El mendigo desde el suelo le habló: -“Algunos me criticarán, otros me alabarán, pero sólo uno comprenderá el pensamiento en mi mente luego de que realices tu acción hacia mí”.
La anciana lo miró con piedad y le ayudó a ponerse de pie, luego le regaló un par de monedas y se alejó sonriente. El mendigo pensó en su mente: “Queda también demasiada compasión y esperanza en el ser humano”.

Después de un par de horas se sentó en la calle y un perro se le acercó con una piedra en el hocico para dejarla caer cerca de sus pies. El mendigo tomó la piedra y la tiró lejos, el perro rápidamente la trajo de vuelta y se paró en sus patas traseras frente a él. El viejo mendigo acarició al perro y luego a su espesa barba y pensó: “He notado más humanidad en este perro y su anhelo por convertirse en un ser humano que en todos los obstáculos que se auto impone el propio ser humano”

domingo, enero 07, 2007

Autoplagio híbrido

¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza? ¿Ha muerto? No importa, su belleza era compleja y sencilla a la vez, su hermosura indefinible como el barlovento de aquella tarde de invierno gris. Su voz velar grave me llegó hasta los huesos. Me dijo una vez que todo lo que he observado anteriormente es su obra maestra, el plan perfecto realizado.
Y es en dirección a este dios en donde deberían estar apuntadas todas nuestras reflexiones, debido a que la existencia de todos y también la mía depende de Él.
¿Cómo puedo comprender a este Dios si el eco de su existencia me llega desde un lugar tan lejano? Me enseñaron a vivir y a morir, pero no a resucitar. Viví muertes y morí en vida, la resurrección es al tercer día.
Fue paradójico pensar que en cien años más, el nuevo cuerpo que habitará mi alma, concluirá con total convicción de que no existe la reencarnación.
¿No será el Tiempo la Mente de ese dios dormido que mientras soñaba, interpretaba a la perfección todos nuestros roles e interacciones en el pasado, presente y futuro?
¡Maldita fe! que no logró mover las montañas, ¡malditas montañas! que no se movieron y acabaron totalmente con la fe.
¡Maldita religión! que con sus doctrinas y enseñanzas cegó a los hombres, ¡malditos los hombres! que se enceguecieron en su ignorancia y malinterpretaron lo que su religión les enseñó.
Este discurso que partió en dos a mi consciencia me dejó al borde de la locura, desesperado, pidiendo una absurda ayuda mental.
Con repulsión he tratado de limpiar mi vida de todo aquello que la ha ensuciado. Fui el perro que lamió sus heridas. Las moscas han llegado ya no queda tiempo, su Señor las ha mandado, ellas disfrutan el momento. Trato de diferenciarme de las bestias rumiantes que aún siguen su camino en la fila y se preocupan más de espantar esas moscas con su cola que de intentar evitar la entrada del matadero.
Seguí viendo los años pasar uno a uno, los meses, las semanas, los días, las horas, los minutos, los segundos, y por fin comenzó el Día Sobrio, ese que nos hizo comprender por completo el hecho de que nada sabíamos.


Compilado confeccionado a partir de pensamientos anteriores.