domingo, enero 07, 2007

Autoplagio híbrido

¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza? ¿Ha muerto? No importa, su belleza era compleja y sencilla a la vez, su hermosura indefinible como el barlovento de aquella tarde de invierno gris. Su voz velar grave me llegó hasta los huesos. Me dijo una vez que todo lo que he observado anteriormente es su obra maestra, el plan perfecto realizado.
Y es en dirección a este dios en donde deberían estar apuntadas todas nuestras reflexiones, debido a que la existencia de todos y también la mía depende de Él.
¿Cómo puedo comprender a este Dios si el eco de su existencia me llega desde un lugar tan lejano? Me enseñaron a vivir y a morir, pero no a resucitar. Viví muertes y morí en vida, la resurrección es al tercer día.
Fue paradójico pensar que en cien años más, el nuevo cuerpo que habitará mi alma, concluirá con total convicción de que no existe la reencarnación.
¿No será el Tiempo la Mente de ese dios dormido que mientras soñaba, interpretaba a la perfección todos nuestros roles e interacciones en el pasado, presente y futuro?
¡Maldita fe! que no logró mover las montañas, ¡malditas montañas! que no se movieron y acabaron totalmente con la fe.
¡Maldita religión! que con sus doctrinas y enseñanzas cegó a los hombres, ¡malditos los hombres! que se enceguecieron en su ignorancia y malinterpretaron lo que su religión les enseñó.
Este discurso que partió en dos a mi consciencia me dejó al borde de la locura, desesperado, pidiendo una absurda ayuda mental.
Con repulsión he tratado de limpiar mi vida de todo aquello que la ha ensuciado. Fui el perro que lamió sus heridas. Las moscas han llegado ya no queda tiempo, su Señor las ha mandado, ellas disfrutan el momento. Trato de diferenciarme de las bestias rumiantes que aún siguen su camino en la fila y se preocupan más de espantar esas moscas con su cola que de intentar evitar la entrada del matadero.
Seguí viendo los años pasar uno a uno, los meses, las semanas, los días, las horas, los minutos, los segundos, y por fin comenzó el Día Sobrio, ese que nos hizo comprender por completo el hecho de que nada sabíamos.


Compilado confeccionado a partir de pensamientos anteriores.