Dos niños jugaban alegremente en la calle mientras un mendigo que estaba sentado en la acera les observaba hasta que se puso de pie y les dijo:
-“Sepan ustedes niños que un día nació un hombre en el mundo y ese hombre era conciencia, y sepan también que yo nací de esa conciencia, y hoy a ustedes hablo”.
Los niños sintieron temor de las palabras y ademanes del mendigo y escaparon corriendo hacia sus casas. El mendigo sonrió y pensando se dijo a si mismo: “Queda aún mucha inocencia y miedo en el ser humano”.
Avanzó unos pasos el mendigo y cruzó la calle. Luego de errar por varios metros se encontró con dos mujeres bien vestidas sentadas a la mesa de un restaurante al aire libre. El mendigo se detuvo en frente de ellas y les dijo:
-“Llegará el día en que nazca un pensamiento, y ese pensamiento dará a luz las palabras de un relato que describa las acciones que he realizado hoy”.
Las mujeres miraron con extrañeza al mendigo, pagaron la cuenta y se levantaron alejándose con celeridad. El mendigo nuevamente pensó y reflexionó: “Aún existe desprecio e ignorancia en el ser humano”.
En otra mesa del restaurante estaban dos hombres que bebían unas cervezas. El mendigo se les acercó y les dijo:
-“Sólo unos pocos entenderán mi existencia, tratarán de entender, pero les será difícil incluso comprender estas vivencias”.
Uno de los hombres se levantó y caminó hacia el mendigo, lo tomó de los hombros y le empujó arrojándolo al suelo, luego lo pateó y se alejó lanzando improperios. El mendigo todavía tendido, alzó la vista y meditó: “Aún siento la ira y el rencor en el ser humano”.
En ese momento pasó una anciana mujer por su lado. El mendigo desde el suelo le habló: -“Algunos me criticarán, otros me alabarán, pero sólo uno comprenderá el pensamiento en mi mente luego de que realices tu acción hacia mí”.
La anciana lo miró con piedad y le ayudó a ponerse de pie, luego le regaló un par de monedas y se alejó sonriente. El mendigo pensó en su mente: “Queda también demasiada compasión y esperanza en el ser humano”.
Después de un par de horas se sentó en la calle y un perro se le acercó con una piedra en el hocico para dejarla caer cerca de sus pies. El mendigo tomó la piedra y la tiró lejos, el perro rápidamente la trajo de vuelta y se paró en sus patas traseras frente a él. El viejo mendigo acarició al perro y luego a su espesa barba y pensó: “He notado más humanidad en este perro y su anhelo por convertirse en un ser humano que en todos los obstáculos que se auto impone el propio ser humano”
-“Sepan ustedes niños que un día nació un hombre en el mundo y ese hombre era conciencia, y sepan también que yo nací de esa conciencia, y hoy a ustedes hablo”.
Los niños sintieron temor de las palabras y ademanes del mendigo y escaparon corriendo hacia sus casas. El mendigo sonrió y pensando se dijo a si mismo: “Queda aún mucha inocencia y miedo en el ser humano”.
Avanzó unos pasos el mendigo y cruzó la calle. Luego de errar por varios metros se encontró con dos mujeres bien vestidas sentadas a la mesa de un restaurante al aire libre. El mendigo se detuvo en frente de ellas y les dijo:
-“Llegará el día en que nazca un pensamiento, y ese pensamiento dará a luz las palabras de un relato que describa las acciones que he realizado hoy”.
Las mujeres miraron con extrañeza al mendigo, pagaron la cuenta y se levantaron alejándose con celeridad. El mendigo nuevamente pensó y reflexionó: “Aún existe desprecio e ignorancia en el ser humano”.
En otra mesa del restaurante estaban dos hombres que bebían unas cervezas. El mendigo se les acercó y les dijo:
-“Sólo unos pocos entenderán mi existencia, tratarán de entender, pero les será difícil incluso comprender estas vivencias”.
Uno de los hombres se levantó y caminó hacia el mendigo, lo tomó de los hombros y le empujó arrojándolo al suelo, luego lo pateó y se alejó lanzando improperios. El mendigo todavía tendido, alzó la vista y meditó: “Aún siento la ira y el rencor en el ser humano”.
En ese momento pasó una anciana mujer por su lado. El mendigo desde el suelo le habló:
La anciana lo miró con piedad y le ayudó a ponerse de pie, luego le regaló un par de monedas y se alejó sonriente. El mendigo pensó en su mente: “Queda también demasiada compasión y esperanza en el ser humano”.
Después de un par de horas se sentó en la calle y un perro se le acercó con una piedra en el hocico para dejarla caer cerca de sus pies. El mendigo tomó la piedra y la tiró lejos, el perro rápidamente la trajo de vuelta y se paró en sus patas traseras frente a él. El viejo mendigo acarició al perro y luego a su espesa barba y pensó: “He notado más humanidad en este perro y su anhelo por convertirse en un ser humano que en todos los obstáculos que se auto impone el propio ser humano”