La Música se levanta de entre los muertos y toma forma divina, se eleva con rostro inefable y ganas de aprovechar al máximo los breves momentos de omnipotencia.
Los violines inician la fiesta, se arreglan los bigotes con rapidez sin igual y comienzan a girar encerrando en una especie de ronda infantil de jolgorio, a un esqueleto que baila desenfrenado sobre su propia tumba.
Luego el bajo, furibundo, celoso, deseando interponerse a tan notable alegría, emite pequeños golpeteos fúnebres de baja frecuencia; mientras más se empeña en detenerlos, más se hace uno con ellos y se funde por completo en esa etérea magia sonora. Un perro agonizante se acerca al grave instrumento, lo huele y, renovando por completo sus fuerzas; se une a la jarana intercalando vivaces aullidos con los armoniosos movimientos de su desaliñada cola.
Los acordeones, de aire bonachón, embriagados de la atmósfera festiva, inflan sus pulmones con ese elixir evaporado y sueltan contagiosas carcajadas dejando ver sus dientes negros y blancos. Pequeñas avecillas recorren esos dientes creando sus propios sonidos.
En lo alto, una pequeña flauta, impulsada e inyectada de vida por el viento, esquiva las nubes y divisa la reunión que se lleva a cabo en tierra, se deja caer al vacío silbando con tal de abrazar esa dicha que la ha impresionado. Abajo, un peludo gato negro la atrapa, antes que toque el suelo, con su cola de terciopelo. Ambos se unen al festín acústico.
Los Címbalos, inteligentes y correctos, llegan surtidos de un centenar de policromados relojes animados que marcan velocísimamente el pasar del tiempo y los ritmos entrelazados, adhieren su tic-tac a la gran melodía
Todos y todo se une, todo junto a las ancestrales voces gitanas, esas curtidas de un sin fin de historias plagadas de diversas conmemoraciones y celebraciones, marcadas a fuego en las memorias de los hombres harapientos que se visten con el lujo de su música.
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El objetivo de este articulo era brindar un pequeño homenaje a esta “Banda de malvados honorables”: “Taraf de Haïdouks” Catalogado como el mejor grupo de música gitana del mundo. ¿Qué mas podría haber dicho de ellos? … Me decidí por describir, a modo de fantasía, una ínfima parte de lo que he sentido escuchando su música. Advertencia: la interpretación de este texto cambia considerablemente si es leído mientras se escucha uno de los temas de “Taraf de Haïdouks"
Los violines inician la fiesta, se arreglan los bigotes con rapidez sin igual y comienzan a girar encerrando en una especie de ronda infantil de jolgorio, a un esqueleto que baila desenfrenado sobre su propia tumba.
Luego el bajo, furibundo, celoso, deseando interponerse a tan notable alegría, emite pequeños golpeteos fúnebres de baja frecuencia; mientras más se empeña en detenerlos, más se hace uno con ellos y se funde por completo en esa etérea magia sonora. Un perro agonizante se acerca al grave instrumento, lo huele y, renovando por completo sus fuerzas; se une a la jarana intercalando vivaces aullidos con los armoniosos movimientos de su desaliñada cola.
Los acordeones, de aire bonachón, embriagados de la atmósfera festiva, inflan sus pulmones con ese elixir evaporado y sueltan contagiosas carcajadas dejando ver sus dientes negros y blancos. Pequeñas avecillas recorren esos dientes creando sus propios sonidos.
En lo alto, una pequeña flauta, impulsada e inyectada de vida por el viento, esquiva las nubes y divisa la reunión que se lleva a cabo en tierra, se deja caer al vacío silbando con tal de abrazar esa dicha que la ha impresionado. Abajo, un peludo gato negro la atrapa, antes que toque el suelo, con su cola de terciopelo. Ambos se unen al festín acústico.
Los Címbalos, inteligentes y correctos, llegan surtidos de un centenar de policromados relojes animados que marcan velocísimamente el pasar del tiempo y los ritmos entrelazados, adhieren su tic-tac a la gran melodía
Todos y todo se une, todo junto a las ancestrales voces gitanas, esas curtidas de un sin fin de historias plagadas de diversas conmemoraciones y celebraciones, marcadas a fuego en las memorias de los hombres harapientos que se visten con el lujo de su música.
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El objetivo de este articulo era brindar un pequeño homenaje a esta “Banda de malvados honorables”: “Taraf de Haïdouks” Catalogado como el mejor grupo de música gitana del mundo. ¿Qué mas podría haber dicho de ellos? … Me decidí por describir, a modo de fantasía, una ínfima parte de lo que he sentido escuchando su música. Advertencia: la interpretación de este texto cambia considerablemente si es leído mientras se escucha uno de los temas de “Taraf de Haïdouks"
9 comentarios:
No conozco la banda fijaté... pero me encanta, todos los días ojalá, escuchar algo nuevo. Para luego volverlo a escuchar, y hacerlo parte de mis oídos.
Busco ahora en soulseek a ver si encuentro algo.
Muchas gracias por la visita, y un honor el linkeo,
nos leemos entonces
Shidi !
La verdad no conozco a este grupo.. Pero las metaforas y comparaciones que usaste para referirte a los instrumentos es genial, incitan al lector a querer escuchae esa musica.. Muy bien
Me encanta la musica... y de aqui me voy directo a buscar musica de esta banda...
Hace tiempo que no pasaba por aqui...me gusto como escribiste sobres esta banda que es aun desconocida para mi...
Vaya¡¡ en verdad es hermoso tu blog, muy diferente, increible ver la forma de describir la música.
Besos y pasare seguido por aqui.
Para mi Taraf alcanza su pic cuando se concentra en la instrumentalizacion y deja de lado los cantos gitanos(que a mi entender saturan a la musica y menoscaba el trabajo de estos grandes musicos)
Aun no los escucho !
Pero
Habrá que oirlos, viniendo la recomendación de ti...
Deben ser buenos!
un abrazo
holaaaaaaaa!!!!!!!
me alegre mucho
al ver tu saludo
asi que gracias por eso
no te preocupes
por lo de la invitación
será para la próxima
me guste esto
de leernos
de conocernos
a través de las palabras
un abrazo gigante
y gracias por compartir tus sensaciones
.
Jamás en mi vida los había escuchado nombrar, quizás en mis viajes melómanos los habré oído, pero no los podría discriminar… pero está claro que, con lo que escribiste, deben ser toda una experiencia melódica… para serte sincero, tu texto me pareció el más claro retrato del efecto alucinógeno de un buen pito de marihuana… lo cual le entrega aún más crédito al grupo que refieres…
Saludos del Kiltro
En realidad lo que mas me gusto de lo escrito fue la advertencia, eso no quiere decir que lo demas no me gusto solo que es tu persepcion de taraf y por lo mismo mas me gusta la advertencia.
Escuchar taraf es como trasladarse a su mundo, sus raices, volar, en realidad son demaciado exelentes. Se puede sentir a travez de su musica todos las sensaciones que desean transmitir y a pesar de que suena simple. Es una parte seriamente complicada, ya que si no se logra, solo se pasa a ser un instrumentista mas de los miles que hay ya.
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