Ese día terminé rápidamente unos trámites en el centro, y por fin volvería a mi casa un poco más temprano.
Caminé por las mismas calles que vieron mis pasos durante muchos años, lo inerte era siempre inmutable, lo vivo sin embargo, se me hacía cada vez más distinto. De pronto, al llegar a una esquina me encontré con una escena que era tan habitual como desagradable: Dos policías sujetaban a una viejecita que vendía ilegalmente en la calle. Se me pasaron un millón de cosas por la cabeza; pensamientos retorcidos que evocaban momentos de rebeldía enceguecida en mi adolescencia, ganas de ir en contra de todos los valores que me habían inculcado, de hacer algo que pareciera ser inefable pero que tuviera su explicación dentro del propio esclarecimiento de la existencia del ser humano.
Como pude le arrebaté el arma a uno de los policías y sin pensarlo mucho le disparé en el pecho al que aun estaba armado. Cayó muerto al instante. El policía desarmado me miró con pavor, yo le apuntaba a la cabeza. Alcanzó a decir dos sílabas de una palabra antes de que la bala se le incrustara en la mejilla y cayera de rodillas ante mí.
La anciana se sentó en el suelo, comenzó a llorar y a decirme:
- ¡Hijo mío! ¡¿Cómo has podido hacer esto?! ¡Te has condenado!
Y como si lo que ya había hecho no fuera suficiente, me acerqué a la anciana, la tomé del pelo y disparé por tercera vez.
La gente empezó a correr despavorida por las calles y no demoraron en llegar varias patrullas de policía. Todos se bajaron a escudarse entre los autos y me apuntaron directamente con sus armas, yo también apunté la mía pero esta vez hacia mi sien.
-¡Arroje el arma ahora mismo! – gritó uno de los policías quién se veía más avanzado en edad y parecía ser quién mandaba. – ¡No tiene que quitarse la vida!
- ¿No cree que me lo merezco? – Le respondí airado - ¡He matado a dos policías y a una pobre mujer!
-No sé lo que pasó por tu mente, ni qué problemas tienes en tu vida y me imagino que debes sentirte muy mal, pero aún es tiempo de que te rehabilites y puedas vivir mejor.
- ¡JAJAJA! ¿Crees que mi vida ha sido traumática? Nunca he sufrido demasiado, no fui abusado cuando niño, mi familia siempre fue ejemplar, no tengo depresión ni enfermedades mentales. Además, lo único que lograré si no me quito la vida es terminar mis días en una cárcel.
El jefe puso la pistola en el suelo, avanzó hacia mí con los brazos en alto y observó a uno de los policías muertos en el piso, luego me miró casi llorando y me dijo:
-¡Por favor no lo hagas, dame el arma y todo saldrá bien!
Sentí como mis latidos se aceleraron como anticipándose a la decisión de mi cerebro. Apreté el arma contra mi cabeza y halé el gatillo.
Continuará…
Caminé por las mismas calles que vieron mis pasos durante muchos años, lo inerte era siempre inmutable, lo vivo sin embargo, se me hacía cada vez más distinto. De pronto, al llegar a una esquina me encontré con una escena que era tan habitual como desagradable: Dos policías sujetaban a una viejecita que vendía ilegalmente en la calle. Se me pasaron un millón de cosas por la cabeza; pensamientos retorcidos que evocaban momentos de rebeldía enceguecida en mi adolescencia, ganas de ir en contra de todos los valores que me habían inculcado, de hacer algo que pareciera ser inefable pero que tuviera su explicación dentro del propio esclarecimiento de la existencia del ser humano.
Como pude le arrebaté el arma a uno de los policías y sin pensarlo mucho le disparé en el pecho al que aun estaba armado. Cayó muerto al instante. El policía desarmado me miró con pavor, yo le apuntaba a la cabeza. Alcanzó a decir dos sílabas de una palabra antes de que la bala se le incrustara en la mejilla y cayera de rodillas ante mí.
La anciana se sentó en el suelo, comenzó a llorar y a decirme:
- ¡Hijo mío! ¡¿Cómo has podido hacer esto?! ¡Te has condenado!
Y como si lo que ya había hecho no fuera suficiente, me acerqué a la anciana, la tomé del pelo y disparé por tercera vez.
La gente empezó a correr despavorida por las calles y no demoraron en llegar varias patrullas de policía. Todos se bajaron a escudarse entre los autos y me apuntaron directamente con sus armas, yo también apunté la mía pero esta vez hacia mi sien.
-¡Arroje el arma ahora mismo! – gritó uno de los policías quién se veía más avanzado en edad y parecía ser quién mandaba. – ¡No tiene que quitarse la vida!
- ¿No cree que me lo merezco? – Le respondí airado - ¡He matado a dos policías y a una pobre mujer!
-No sé lo que pasó por tu mente, ni qué problemas tienes en tu vida y me imagino que debes sentirte muy mal, pero aún es tiempo de que te rehabilites y puedas vivir mejor.
- ¡JAJAJA! ¿Crees que mi vida ha sido traumática? Nunca he sufrido demasiado, no fui abusado cuando niño, mi familia siempre fue ejemplar, no tengo depresión ni enfermedades mentales. Además, lo único que lograré si no me quito la vida es terminar mis días en una cárcel.
El jefe puso la pistola en el suelo, avanzó hacia mí con los brazos en alto y observó a uno de los policías muertos en el piso, luego me miró casi llorando y me dijo:
-¡Por favor no lo hagas, dame el arma y todo saldrá bien!
Sentí como mis latidos se aceleraron como anticipándose a la decisión de mi cerebro. Apreté el arma contra mi cabeza y halé el gatillo.
Continuará…
11 comentarios:
Debo reconocer que en mi flojera no mire que debajo del texto habia un "Continuara..." , de haber sido asi hubiera esperado hasta la continuacion aaarrggg maldita espera...pero a pesar de eso, otro exelente texto.
Esperando la continuacion....
Uffff mis ojos casi se salieron !
Buenisima la histora, texto,Sarcasmo, metafora...o como se le llame...talento a mil x hora...Soñare con la continuación.
Apurele ya ? Gracias por tus cumplidos, de verdad...Creo que todos llevamos un Quijote en el alma!
Saludos y bsos
que buen escrito
espero la continuación
con ansias
saludos
besos
abrazos
nos leemos
.
Uy! una historia fuerte pero con mucho contenido, kede para adentro cuando el protagonista le dispara tambien a la anciana, creo ke nadie se lo hubiera esperado. Pero lo ke mas me deja en incertidumbre es lo ke va a pasar en la sgda. parte, ya ke esta termina con el suicidio del protagonista.
Estaremos esperando...
Chau! cuidate.
* primero, algo estetico..
* ame el fondo del blog..
* -
* mmm esta fuerte.. pero tiene su
* dejo de realidad cercana..
* como de: esto si puede pasar(me)(te)
* esperando la continuacion..
* y con respecto a tu post en mi blog.. que es lo que no te puedes dejar de preguntar?
* basos!.. ciao
* claro.. no era basos..
era: besos!..
el calor me mata.. me aturde
Buena compadre
ya te pusiste psicopata
denuevo wn jajaja
ta buena la historia
y a ver que se viene
en la secuela.
Chau loco!
Andale!!!!! por casualidad encontre este blog y después de comenzar a leer el ultimo texto, no pude parar de leer hacia abajo porque cada vez me sentia mas impresionada con lo que veía, todos tus escritos estan increibles.
Lo he guardado en favoritos!
Un abrazo de la lectora anonima, desde Ciudad de Mexico!!!
Adios!!
Chuta la historia fatal! pero hay que esperar hasta la segunda parte para sacar conclusiones. Dale luego con la secuela.
ta weno el nuevo look del blog!
chao!
Es que el es un " Dios de las letras" yapuuuuuuuu quero massss....necesito leer mas, ya recurri a todos mis libros, ya me los se de memoria, escribi algo pero me da terror ponerlo en el blog !!! ja cuidese
Hola!
Me gustó tu nuevo texto,
pero me quede un poco con las ganas de ver esa parte extraordinaria que generalmente le insertas a tus historias, eso si es muy probable que llegue con la segunda parte asi que tendré que esperar también.
chao
besos!
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